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jueves, noviembre 09, 2006
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posteado por Joel Martinez @ 12:33 p. m.   4 cletazos comentan
domingo, noviembre 05, 2006
Alejandro Inostroza Villarroel

Muere joven ciclista agredido con un bate de béisbol

Al mediodía de ayer falleció en la Clínica Santa María Alejandro Inostroza Villarroel: Troxel, de 26 años, quien fue brutalmente agredido con un bate de beisbol en el sector de la Plaza Pedro de Valdivia, en la comuna de Providencia.

Troxel estuvo una semana en estado de coma en la Unidad de Tratamientos Intensivos del mencionado centro asistencial, hasta que hoy se produjo su muerte cerebral. Tras conocerse la noticia, la familia del joven ciclista decidió donar sus órganos.



¿Qué está pasando?

¿Qué nos está pasando?

posteado por Joel Martinez @ 10:54 a. m.   2 cletazos comentan
jueves, noviembre 02, 2006
Crónica de un pinchazo mala onda (en Ciclón 2)



Hace poco tiempo, mi novio y yo nos compramos bicicletas. Desde entonces hemos participado en las cicletadas de los primeros martes de cada mes. Aún tenemos escasos conocimientos para repararlas y hemos comprado unas pocas herramientas. Ayer cuando finalizaba la cicletada del Cyclon II, pinchamos una rueda con el clavo de una tabla olvidada por los encargados del desmontaje del escenario de la actividad. ¡Me pareció increíble que en un evento lleno de bicicletas fueran tan poco prolijos en este tema! Me acerqué a un chico que estaba trabajando en el desmontaje y me dijo que hablara con los organizadores. Fui hasta donde estaba comenzando el ciclo de cine con la tabla en mano, mientras mi novio intentaba buscar ayuda. Llegué hasta donde un chico y le pregunté si era el organizador y me respondió que sí. Entonces, molesta, le empecé a explicar la situación. Ahí dejó de ser el organizador. Precisó que era el organizador del ciclo de cine, que tenía que hablar con Nicolás Barros y se dio media vuelta. Le toqué el hombro –en ningún caso con golpes, pero sí molesta- y le pregunté que dónde lo encontraba. Y me dijo: “Ahí, ahí”, pegando varios empujoncitos e indicando donde habían ocho personas. Le respondí: “Oye, pero dame otra señal”. “El de polerón gris”, contestó. Y fui hasta allá para explicarle al tal Nicolás Barros. Obviamente, estos pequeños accidentes ocurren, por lo que solamente me esperaba alguno de estos tres escenarios de parte de Nicolás, genial los tres:

  1. “Chuta, voy a hablar con las personas del desmontaje para que sean más cuidadosos”.
  2. “Voy a preguntar quién puede ayudarte” (en medio de la “conversación” le expliqué que llevaba poco tiempo arriba de la bicicleta, que no sabíamos ni teníamos cómo repararlas ni conocíamos gente).
  3. Que dijera algo así como “¡hay que mala onda lo que pasó!”. Ideal hubiese sido un “Pucha, disculpa”.

Tremendo error.

Le conté a Nicolás lo que me pasó y acusetemente le dije que el organizador del ciclo de cine me había hecho así (le pegué los mismos empujoncitos). Entonces Nicolás se molestó y me respondió algo así como que sin agresiones. ¡Plop! No me había ni escuchado. De haberlo hecho hubiese cachado que estaba imitando la actitud del otro organizador y en, ningún caso, lo estaba agrediendo. Ante esto, un amigo que estaba a su lado saltó en su defensa y me invitó a realizar una introspección, a ver mi actitud. Y la única respuesta de Nicolás fue que estas cosas pasaban.

En eso estábamos cuando un chico dijo (después supe que se llamaba Johnatan y que no tenía que ver con Nicolás): “Acá la compañera tuvo un accidente, ¿quién le puede ayudar a parchar su rueda?” Y un par de chicos saltaron con ánimo de auxiliar. Así que fui en busca de mi novio. Al fin alguien buena onda.

Nicolás y su otro amigo organizador, realmente, me trataron pésimo. No sé si lo amedrentó que llevara la tabla con el clavo. Pero ciertamente no creo que sea de esas personas que inspira defenderse: soy mina de porte y complexión absolutamente promedio y nunca practiqué ningún tipo de defensa personal (al revés, estudié ballet). ¿Qué hubiese pasado si un hombre hubiese reclamado?

En ocasiones, mi trabajo consiste en tratar los reclamos. Así que tengan por seguro que me han tratado peor que Nicolás y su amigo. Lo que me dolió es que del poco tiempo que llevo participando en las cicletadas, he aprendido a valorar muchísimo la buena onda y la enorme conciencia social que existe entre los participantes. Prueba de ello es que antes de partir la actividad le comenté a mi novio que mi manubrio estaba suelto y un chico simplemente me escuchó y lo fijó, junto con el dueño de la Potranca (esa bici espectacular con radio y todo). Una actitud que distaba mucho de la de Nicolás.

Al ir a buscar a mi novio para arreglar la bici me di cuenta de que José – el chico que siempre anda con su perrita Laika- estaba reparando la panne. Al contarle con mucha pena a mi novio lo que había pasado, me dijo que había que conversar con Nicolás. Lo buscamos y al fin lo encontramos frente a unos focos dando una entrevista a un canal y allí lo increpamos. Reconozco que después nos dio lata porque yo también soy periodista e interrumpí la pega de los del canal (así que luego les pedimos disculpas). Frente a las cámaras, hizo propios los méritos de Jonathan, dijo que no reclamáramos porque había buscado una solución. Sólo nos nació decirle “chanta”. Así que finalizamos el “encuentro” entregándole su tabla con su clavo.

La intención de esta carta es simplemente desahogarme. No quiero empezar una cruzada contra Nicolás Barros porque ciertamente debe tener muchos amigos en el rubro si organiza este tipo de actividades. Y a mí no me conoce nadie.

Tampoco me siento como la “típica mina histérica” porque le comenté esto a la única cara conocida que tenía: una respetada dirigente cicletera de mi comuna, que muchos de uds. también ubican. Ella me comentó que también había tenido conflictos con Nicolás en el Cyclon I, que su actitud era así. Ella me dio la buena idea de escribir esta carta.

Lo qué si quiero es hacer eco de ese llamado a la reflexión del amigo de Nicolás. ¿Qué es lo que nos convoca en este tipo de actividades? Pensé, insisto, la responsabilidad social y la camadería. Yo no vi nada de eso ayer en la actitud de Nicolás, que se supone que lideraba, que era la “cara visible” de este evento. Y esta carta es también para sentir que existe más gente como Jonathan, José y el dueño de la Potranca y su amigo en este tipo de iniciativas.

Pero bueno, como en toda cosa mala rescato un par de cosas: por lo menos esto pasó en el Cyclon y no en las cicletadas de los primeros martes de cada mes (es decir, me perderé una cicletada al año solamente) y mi novio ya sabe parchar ruedas. Lo mejor de todo es que ayer descubrí una nueva faceta de él, alguien extremadamente calmo (es de esas personas que todo lo cotidiano lo hace con mucha tranquilidad, tal vez porque es vegetariano): alzar la voz por lo que consideramos un acto muy mala onda.

Disculpen el largo de la misiva. Pero prefiero detallar bien los hechos para evitar tergiversaciones.

Eliette Angel



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posteado por Joel Martinez @ 11:18 p. m.   7 cletazos comentan

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